Es curiosa la manera en que los realizadores de The Walking Dead deciden contar esta historia: en pedacitos, desordenada y con visiones parciales de lo que está sucediendo para no darnos pistas sobre lo que puede suceder, o lo que aún es peor, siendo tendenciosos y mostrando lo que a ellos les interesa para que los espectadores saquemos conclusiones equivocadas, tal como hicieron con la supuesta muerte de Glenn o con los batazos de Negan a “vaya a saber quién”.

No obstante, fue en Honor, el noveno episodio de la octava temporada en que el rompecabezas planteado en Mercy comenzó a tomar forma.

En este regreso de nuestra serie favorita tenemos dos tramas bien definidas y nuevamente la visión o flashforward de la primera mitad, esta vez explicada y desarrollada hasta el final.

En principio tenemos el rescate del Rey Ezekiel por parte de Carol, Morgan y Henry, en el que los adultos intentan acercarse sigilosamente al rey hasta que el enfrentamiento con los Salvadores que se interponen en su camino se vuelve inevitable. Es Carol quien comienza a percibir un cambio en Morgan que parece volver a entrar en modo “Clear” eliminando violentamente a cualquier persona que se cruce por su camino.

“No son ellos los que me preocupan” le dice la también conflictuada Carol antes deponer a salvo al Rey y acabar con la vida de todos los Salvadores. Durante la tenebrosa persecución de Morgan hacia Gavin, vemos la peor versión del hombre del bastón quien parece disfrutar del sadismo de cazar a una presa indefensa. El debate sobre si las razones para matarlo son suficientes, se ve interrumpido de manera violenta cuando el Henry, hermano de Benjamin y protegido del rey, atraviesa el cuello del villano con un arma similar a la de Morgan.

El rostro de los tres referentes se desfigura por el dolor de ver a un niño cometiendo tal atrocidad y aunque lo viven de maneras distintas, Morgan llora, Carol se enoja, Ezekiel se compadece, se sienten responsables por haberle permitido llegar hasta allí. Esa transformación de un niño inocente en un asesino a sangre fría, es inversamente proporcional al camino transitado por Carl desde sus momentos más oscuros en la serie hasta el episodio de su muerte.

En la trama principal del episodio, la secuencia inicial nos revela a un Carl que rapidamente asume lo que le está sucediendo y comienza a escribir cartas con mensajes para sus seres queridos, Rick, Michonne, Enid, entre las que no sabemos si también habrá alguna para Negan. Es probable que esas cartas sean importantes en lo que resta de la temporada.

Una vez reunido con su familia, mientras intentan esconderse del ataque de Los Salvadores, Carl comienza a dejar su mensaje final para Rick y Michonne a quien le dice que no quiere que luego de su muerte no se sienta triste o enojada y que debe ser fuerte por Rick y Judith, además de dejarle en claro que la considera su mejor amiga.

Poco a poco vemos el deterioro de Carl mientras Rick intenta encontrar una explicación o justificación para lo sucedido. Pero es el muchacho quien le deja en claro que su mordida nada tiene que ver con la batalla que se libra arriba y que tampoco tiene una razón en particular para haber ayudado a Siddiq ya que en ese momento no sabía que éste era doctor.

El mensaje es mucho más profundo para su padre, a quien le insiste con que debe cambiar haciendo referencia al momento en la prisión en el que el sheriff decidió convivir con los sobrevivientes de Woodbury y dejó su arma a un lado para convertirse en granjero. Esa imagen aún es fuerte en la memoria de Carl y es a la que se aferra para ayudar a su padre a recuperar la humanidad que cree perdida. La despedida con Judith es una de las partes más emotivas del episodio en la que el joven hace referencia a su madre y le cede el sombrero de Rick explicando que lo ayudó a sentirse fuerte y cerca de su padre. 

Antes del final, Rick y Michonne deciden ayudar a Carl para que pueda morir en una cama pero debido a su frágil condición deben refugiarse en lo que queda de la iglesia y es allí dónde finalmente se despiden. Por primera vez en el episodio padre e hijo lloran, se abrazan y, entre lágrimas, Rick promete cumplir el último deseo de Carl y cambiar para crear ese mundo que éste cree posible y que afirma haber soñado. Es entonces cuando por fin nos develan que la “visión” o “flashforward” del Rick viejo no era del sheriff sino del propio Carl quien imaginó un futuro de paz y unión en el que hasta Negan se ha unido a su grupo y parece vivir en paz con ellos.

Es el propio Carl quien termina con su vida para no obligar a su padre o a Michonne a cargar con ese peso y solamente podemos ser testigos de la escena desde el dolor de Rick quien se toma la cabeza y se quiebra al oír el sonido del disparo en un momento desgarrador y trascendental para la serie.

Horror, el noveno episodio de la octava temporada, ha sido intenso y emocionante y ha logrado muy buenas interpretaciones por parte Chandler Riggs, Danai Gurira y Andrew Lincoln, evolucionando a lo largo de la trama y transmitiendo absolutamente todo lo que tenían que transmitir.

Menudo problema tendrán ahora los realizadores para llenar el vacío que deja la muerte de uno de los personajes más importantes y, para nosotros, el motor de todas las tramas de The Walking Dead por lo que significaba en la vida del protagonista. Tendrán que convencernos, tanto a espectadores como al propio Rick, de que aún quedan razones para seguir viviendo.

LO MEJOR DEL EPISODIO: El nivel interpretativo de los tres protagonistas cuya estado anímico se iba deteriorando al mismo tiempo que la condición clínica de Carl.

LO PEOR: La muerte del personaje que resultaba ser la motivación y justificación de todo lo que hizo su padre a lo largo de las ocho temporadas.

LA FRASE DEL EPISODIO: (muy difícil elegir una): “Antes de morir mi madre me dijo que yo sobreviviría a este mundo pero no lo hice. Seguramente vos lo harás.” de Carl a Judith al despedirse y entregarle el sombrero.

 

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