Son tiempos de paz en The Walking Dead. Luego de dos temporadas con demasiada acción, las comunidades coexisten y colaboran entre ellas de manera voluntaria y pacífica.

De la mano de Rick Grimes, “el hombre que puso fin a la guerra (tal como lo llaman los habitantes del Santuario) lograron consolidar un sistema coparticipativo en el que las comunidades redistribuyen los recursos que generan.

Cultivos, lagos artificiales, paneles solares y biodiésel son algunos de los recursos que las sobrevivientes generan para mejorar su calidad de vida. Se han renombrado rutas, reseñalizado caminos con indicaciones útiles para quienes los transitan y se realizan expediciones para obtener herramientas que les faciliten la obtención de recursos.

Incluso la democracia se ha restablecido gracias a la iniciativa de Gregory de convocar a elecciones para que Hilltop pudiera decidir, entre él y Maggie, a su nuevo líder y hasta aceptó la derrota cuando la hija del granjero resultó ganadora.

El inicio de la novena temporada nos muestra que los grupos coexisten en paz pero que necesitarán de una suma colectiva de esfuerzos para conservarla.

El traslado de elementos e insumos se complica cuando, literalmente, un puente se derrumba y las primeras diferencias entre Maggie y Rick salen a la luz y todo empeora cuando la légitima gobernante de Hilltop es increpada por los padres de un joven mordido durante la expedición que da inicio al episodio.

Hábil para sacar provecho, Gregory induce al padre del muchacho para que asesine a Maggie pero el intento fallido resulta la sentencia de muerte de este personaje y lo convierte en la primer víctima importante de la novena temporada.

Tanto las palabras de Gregory como las de la madre del joven mordido surten efecto en Maggie quien decide establecer un límite entre los deseos de Rick y la conveniencia de su gente, argumentando que ya se encuentra lista para liderar la coalición.

En el Santuario el panorama es aún más gris. Generar recursos no les resulta sencillo y para alimentarse deben apelar a la solidaridad de las comunidades vecinas, mientras una pequeña rebelión parece nacer desde algún secreto grupo de salvadores. Daryl decide renunciar a su cargo al mando del sitio y volver a Hilltop en dónde el odio por Negan y las diferencias con Rick lo convierten en aliado de Maggie.

Es él quien le aclara al sheriff que los esfuerzos por mantener la paz y salir adelante en forma conjunta no darán resultado porque son demasiados los factores que atentan contra sus buenas intenciones.

La preocupación de Rick, las elecciones en Hilltop y la semilla de la revolución en el Santuario hacen que Michonne comience a evaluar la idea de redactar una carta orgánica en la que se especifiquen las consecuencias de no cumplir con los acuerdos.

Todos los engranajes de la coalición parecen funcionar correctamente pero queda en claro que ni la democracia de Hilltop ni la pacifica convivencia con el Santuario están asentadas sobre bases sólidas que puedan perpetuarlas y las diferencias entre los protagonistas que surgieron con el final de la octava temporada parecen potenciarse durante la novena.

La ausencia de Negan a lo largo del episodio no parece casual ya que luego de dos temporadas en las que su presencia se tornó agobiante, no haberlo visto en pantalla nos permite tomar un respiro del villano que seguramente volverá a llenar la pantalla en las próximas semanas.

El cambio de narrativa le brindó a la serie un cambio de aire muy necesario al comenzar con una novena temporada repleta de polémicas, con una caída de audiencia muy llamativa y un público ver que hace notar su desgaste luego de ocho años de amor incondicional.

Si necesitás más, escuchá nuestro podcast con el análisis completo del primer episodio de la novena temporada de The Walking dead


 

 

Facebook Comments